Origen

Como ha sido señalado por distintos autores, las definiciones clásicas del término “diáspora” remiten a la dispersión de un grupo de personas –con un origen territorial común– en virtud de un hecho masivo y traumático que explicaría por sí mismo algunas de sus características. Entre ellas, los sentimientos de lealtad hacia el origen, el anhelo de retorno, las resistencias a la asimilación completa en los lugares de destino y la persistencia de las identificaciones colectivas a través de varias generaciones.31

Mientras que el origen del término diáspora connota un sentido de pérdida, un anhelo de regresar y un sentido de persecución (asociada con experiencias como las de las diáspora judía, armenia o africana), el término ha sido adoptado cada vez más por miembros de diferentes formaciones sociales que lo utilizan como una herramienta de auto identificación, útil para promover la autoestima colectiva y el orgullo de la cultura original.

La Organización Internacional para las Migraciones (OIM), en la Conferencia Ministerial sobre la Diáspora de junio de 2013, ha expresado lo siguiente:

“En un mundo caracterizado por una creciente movilidad e interconexión, las diásporas han asumido una gran importancia en el diálogo mundial sobre la  migración. En el siglo pasado la migración registró un aumento en cuanto a cifras y diversidad y actividades de las diásporas en la vida social, cultural y política en sus países de origen y de acogida. En muchas partes del mundo se reconoce cada vez más que las diásporas son agentes claves, no solo en los asuntos nacionales, bilaterales y mundiales, sino también en la relación entre la migración y el desarrollo. Su potencial como “puentes” entre las sociedades y los países se reconoce ampliamente (…) y ha sido puesto de relieve en di- versos foros internacionales”.

La diáspora uruguaya presenta, entre otras características, una voluntad manifiesta implícita de acompañar de cerca la evolución de la realidad uruguaya. Este interés se expresa en la búsqueda permanente de información de lo que ocurre en Uruguay, muchas veces canalizada a través del creciente número de organizaciones que actuaron de nexo entre las distintas colectividades de emigrantes y el país, unido al interés expreso de la nueva administración del Estado sobre el tema, a partir de 2005.32

La nueva política de vinculación, que el Estado impulsó desde el año 2005, no implicó “una acción unilateral y jerárquica, sino una respuesta a demandas del propio conjunto de emigrados, siendo un proceso dinámico que tomó formas diferentes en cada colectividad de uruguayos y dentro de ella, en sus individuos.

Desde las Asociaciones y Organizaciones de uruguayos en el exterior, junto a los Consejos Consultivos creados a partir del año 2005, todos reconocidos por las leyes correspondientes, habían sentido con aquella política iniciada un sentimiento de pertenencia, involucramiento y participación con el país de origen que demostraba que en mayor o menor medida tuvo anclaje, porque estaban generadas las bases para que así fuera.” 33

Lo cierto es que ha movilizado a un número importante de esta población diaspórica con un claro propósito desde el gobierno; de hacerlos parte, escucharlos y propiciar diferentes modos de participación.