Departamento 20, migraciones y su historia

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Lo que está en el libro “El DEPARTAMENTO 20 del URUGUAY” de alguna forma inspira este sitio. Su contenido no está en las bibliotecas, no está en libros, no está en la academia ni en las grandes pinceladas de las estadísticas.

Está presente en todos y todas; ayer, hoy mañana.

Migraciones

Desde los confines de los tiempos hay personas, familias, etnias, que salen de esas sociedades desde donde nacieron para ir a otras, buscando mejores situaciones para sus vidas; en todos los sentidos: económico, vivienda, culturales, sociales, políticos, etcétera. Son los migrantes, que existieron, existen y existirán.

Así gran parte de la humanidad pasa a integrarse de alguna forma a otras sociedades que no las han visto nacer. Provienen de otras latitudes. Y así se producen las mixturas socioculturales.

Las migraciones tienen un antes y un después y, por lo tanto, no se entienden sin sus causas y sus efectos.

Más de 55 millones de europeos fueron registrados atravesando el Atlántico hacia sus nuevos destinos americanos entre 1820 y 1924. Fueron sólo una parte de un movimiento más vasto que vio también en los siglos XX y XXI amplios desplazamientos dentro de Europa, de un país a otro y aún dentro de un mismo país. Las migraciones no comenzaron así, sino que vienen de mucho más atrás, sean las internas, las intra europeas o las transatlánticas, aunque no tengamos buenos instrumentos para medir esos desplazamientos.

La migración internacional constituye un capítulo importante de la historia de América Latina. El continente americano fue receptor de inmigrantes a lo largo de los más de 500 años que transcurrieron desde la conquista del territorio por los Imperios coloniales europeos. En Uruguay los conocimos como aquellos migrantes europeos que vinieron a “hacerse la América”. Vinieron para hacer lo que se podía para vivir; y así fueron agricultores, peones, trabajadores textiles, etcétera.

Es a partir de la segunda mitad del siglo XX que las tendencias de la migración del norte y el sur del Río Bravo comienzan a tomar caminos diferentes y los países latinoamericanos se convierten progresivamente en países de emigración.

A través de la historia conocemos los movimientos de personas y pueblos; migraciones, expediciones, colonizaciones o exilios.

Ponemos el acento en las migraciones como motor modificatorio en cuanto a personas, cosas materiales y modos de pensar y sentir.

Son desplazamientos y se diferencias en sus motivaciones, en su origen y en sus consecuencias, tanto sociales como personales.

La historia de la humanidad, desde África hasta hoy, es la historia de las migraciones.

La migración es un proceso que no sólo es inevitable, puesto que es consustancial a la especie humana, sino que representa una dimensión constitutiva de la globalización conformando el tercer flujo de circulación, junto con los capitales y bienes. Por tanto, si se encauza de manera adecuada trae consigo considerables beneficios tanto para los países de acogida y de origen, como para las personas. Sin embargo, la mayoría de las veces las personas migrantes se encuentran con políticas restrictivas, arbitrarias y discriminatorias que los obligan a vivir en la irregularidad, permanentemente expuestos a situaciones de extrema vulnerabilidad. Vale la pena destacar que, cuando hablamos de migración, no sólo debemos centrarnos en trabajador marginal o aquel que trabaja de forma irregular, sino que se debe involucrar también al migrante calificado que es aquel trabajador profesional que se inserta de forma adecuada en el país de destino. Hoy en día el fenómeno migratorio se ha convertido en un tema polémico y ha logrado instalarse en las agendas gubernamentales de la mayoría de los países y en las agendas de diferentes organismos internacionales.

La emigración uruguaya

Uruguay fue un receptor importante de inmigración europea, pero desde las primeras décadas del siglo XX se constató también una tendencia sostenida de emigración hacia la Argentina. A partir de la década de 1970 y como consecuencia de la crisis política y económica una corriente importante de uruguayos abandonó el país hacia la Argentina y Brasil, pero también hacia los Estados Unidos, Venezuela, Australia y algunos países europeos. Como consecuencia de esta situación se estimó que alrededor del 12% de la población del país y el 20% de la población económicamente activa (PEA) emigraron entre 1963 y 1985. A su vez, los profesionales y técnicos residiendo fuera del país representaban entre el 12 y el 14% del stock residiendo en el país en el mismo período.

En Uruguay el gobierno militar (1973-1985) contribuyó fuertemente al desarrollo de la emigración que afectó a sectores importantes de la población y también a los profesores e investigadores

No escapará a los lectores que se enlentecido, por no decir detenido, los flujos migratorios de la colectividad uruguaya a partir de la pandemia que nos acosa a los humanos en todo el planeta. Y esto puede cambiar en el futuro muchísimas cosas.

Argentina, con 116.592 censados en 2010, es el país con mayor porcentaje de residentes uruguayos en el exterior, representando estos un 0,3% del total de la población (ver Inmigración uruguaya en Argentina). Otros países muy elegidos por los uruguayos para vivir y trabajar son España, Italia, Estados Unidos, Brasil, Canadá, y los de Europa Occidental.

Durante la década de 1960 el saldo migratorio uruguayo se transformó de positivo a negativo y ésa sería la característica dominante durante todo el resto del siglo XX. Los censos, a partir de esos años, permiten estimar los saldos, mostrando una emigración persistente. La primera década de 1970, en particular los años 1974 y 1975, mostraron una importante salida de población, causada por la crisis económica y la represión y violencia que siguieron a la instauración de la dictadura en 1973.

El impacto económico y social de la migración internacional de recursos altamente calificados en los países de origen y destino ha sido un tema abordado desde diferentes perspectivas teóricas y analíticas desde el histórico y pionero enfoque de la fuga de cerebros; se argumenta que la emigración de científicos e intelectuales constituye una pérdida para los países de salida, no sólo por el gasto invertido en su formación, sino porque estas personas constituyen una pieza clave para el crecimiento y desarrollo de sus naciones (Pellegrino y Martínez, 2001). En cambio, para los países de llegada representa una ganancia, debido a los recursos ahorrados en su formación y preparación académica, pero, sobre todo, por el conocimiento y capacidad innovadora que trae consigo un migrante altamente calificado (Castaños, Rodríguez y Herrera, 2004; Pellegrino, 2003).

Desde esta óptica, la migración calificada ha sido percibida o interpretada como pérdida para algunos países, ganancia para otros.

La emigración reciente no es la excepción; de acuerdo a resultados de la ENHA, en 2006, el 55% de los emigrantes salidos entre 2000 y 2006 tenían entre 20 y 30 años al salir de Uruguay. Como en las oleadas anteriores, predominaron los hombres sobre las mujeres.

Según datos del INE, actualmente residen en España 55.480 uruguayos: 28.304 hombres y 27.176 mujeres, de los cuales 24.363 tienen nacionalidad española.182​ Las comunidades autónomas con mayor cantidad de ciudadanos de Uruguay son Galicia, Canarias, Cataluña, País Vasco, Comunidad Valenciana, Madrid y Andalucía.

En Cataluña residen 17.954 uruguayos, de los cuales 6.000 tienen nacionalidad española. En la Comunidad Valenciana hay 9.246, en las Islas Baleares, 5.217, y en Andorra 250.

Una estimación de la emigración internacional uruguaya entre 1963 y 2004, de la Unidad Multidisciplinaria Facultad y Ciencias Sociales – Serie Documentos de Trabajo, Nº 70, Noviembre de 2005, p. 16 – es la siguiente:.

   Cuadro II Distribución de los emigrantes según países de destino (1982-2002)   
 País19822006 
 Argentina49,8%11,9% 
 Brasil7,2%4,7% 
 España5,1%42,3% 
 EE.UU11,0%26,4% 
 Otros26,9%15,4% 
   Total  100,0%  100,0% 
  
   Fuente: Encuesta Nacional Ampliada 2006. INE y Encuesta de Migración Internacional DGEC (2002)     
Cuadro III: Resumen de la estimación de emigrantes y residentes uruguayos en el exterior (1963-2004)[2]
Emigrantes 1963-1996477,928
Emigrantes 1996-2004 (aeropuerto)106,187
Total emigrantes 1963-2004584,115
Total de uruguayos residiendo en el exterior al 31/12/04443.208
Estructura de edades de los uruguayos en el exterior
HombresMujeresTotal
0 a 2931.91627.86959.785
30 a 4474.19857.101131.299
45 a 5978.03962.578140.617
60 y más44.88166.625111.506
Total229.045214,174443.208
    

            [2] CABELLA; PELLEGRINO.

Según las autoras, la estructura de edad de los emigrantes del período reciente es la que surge de la encuesta del Banco Mundial, la cual fue aplicada al saldo intercensal 1996-2004. Debe considerarse que la estructura de edad de la población uruguaya residente en el exterior incluye los emigrantes de distintos períodos, por lo cual se trata de una estructura más envejecida que la que suele presentar la población de migrantes recientes.

Los países con mayor concentración de uruguayos son Argentina, España, Estados Unidos y Brasil, pero los uruguayos y sus descendientes están prácticamente en todo el mundo. Algunas explicaciones del fenómeno surgen en la década de 1970 cuando tuvo lugar el quiebre del sistema democrático, luego de un prolongado período de inestabilidad política y social. La emigración se convirtió en una alternativa posible para enfrentar los conflictos y las restricciones generados en un contexto en el que se conjugaron los factores de crisis económica y política.

Según el cuadro II los destinos de emigración cambiaron, mientras que para el primer período (1982), alrededor de la tercera parte de los uruguayos en el exterior reside en la República Argentina, siendo ésta la principal colonia. Esta situación se revierte en el período siguiente donde aproximadamente el 70% residen en los Estados Unidos y en España. Brasil si bien disminuyó en porcentaje entre ambos períodos, mantiene su importancia como colonia y una fluida comunicación con su país de origen, como veremos más adelante.

Tomando en cuenta los dos períodos, en los países del MERCOSUR reside alrededor de la mitad del total de la diáspora; al tiempo que en América del Norte, la cuarta parte y en Europa, casi la quinta parte del total.

Finalmente, según los datos del cuadro III, constatamos que la emigración uruguaya es muy pareja en cuanto a sexo, y, mayoritariamente jóvenes y adultos entre 30 y 60 años, sorprendiendo por otro lado el elevado número de emigrados mayores de 60 años. Los motivos que se manejan para este grupo obedecen a la necesidad de juntarse con otros parientes ya emigrados.

Los emigrados en el período de la dictadura 1970-1984, fueron fundamentalmente por motivos políticos y/o económicos producto de la situación política. Emigró el grupo familiar, en general, con redes más sólidas para la inserción en los países de acogida, con niveles educativos altos, muchos profesionales que consiguieron desarrollar sus profesiones en los países de residencia. Algunos retornaron con la reapertura democrática y más tarde volvieron a emigrar (no se posee datos concretos de este grupo). Los emigrados recientes, las personas que salieron del país desde el año 2000 hasta fines del 2006, son mayoritariamente hijos, pocos cónyuges, con un nivel educativo mayor al promedio de los uruguayos residentes en el país, 40% eran desocupados (en el momento anterior a la emigración), 3% están desocupados en el país de recepción y no se registra movilidad ocupacional entre los emigrantes.

En Uruguay no sólo tuvimos emigraciones. Entre las inmigraciones coloniales incorporadas a los movimientos de los pueblos originarios que poblaban en origen todo el litoral marítimo podemos contar las que siguieron a la Independencia. Nuevos asentamientos cuya causa emergente radicó en factores político-económicos, como, por ejemplo, la dirigida y fomentada por el propio estado nacional. Forman la base de lo que es Uruguay de hoy, un país donde se conjugan la diversidad cultural junto con una clara conjunción de valores y aspiraciones que dan una identidad especial a la población. Su diversidad de origen está unificada a partir de la enseñanza pública.

Diásporas y diápora uruguaya

En el caso de varios países, millones de ciudadanos han emigrado a otras naciones para residir en forma permanente fuera del territorio que define al Estado-nación. Estos migrantes y sus descendientes se van, pero a la vez mantienen fuertes conexiones con sus sociedades de origen. Muchos de ellos jamás adquieren la nacionalidad o la ciudadanía del país al que arriban, aún cuando permanezcan en el resto de sus vidas. Muchos otros se convierten en ciudadanos de su nuevo país, pero al mismo tiempo promueven vínculos estrechos con la patria de sus orígenes, esforzándose incluso para que sus hijos hereden los lazos con la tierra a que les nutre de identidad.

Los avances tecnológicos en materia de comunicación (la facilidad para viajar, llamar telefónicamente por larga distancia, por whatsapp, disfrutar de canales de televisión vía satélite o comunicarse a través de Internet, por ejemplo) le permiten a millones de migrantes mantenerse cerca y en constante contacto con sus familiares y amigos, a grado tal que un buen número de ellos puede sentir que “vive” la experiencia transnacional de estar en dos sociedades simultáneamente. Frecuentemente a estas poblaciones “territorializadas” o “trasnacionales” se le conoce como diáspora, un término que en sentido estricto significa pueblo disperso.

Mientras que el origen del término diáspora connota un sentido de pérdida, un anhelo de regresar y un sentido de persecución (asociada con experiencias como las de las diáspora judía, armenia o africana), el término ha sido adoptado cada vez más por miembros de diferentes formaciones sociales que lo utilizan como una herramienta de auto identificación, útil para promover la autoestima colectiva y el orgullo de la cultura original. Desde una óptica menos melancólica, el término diáspora favores identificaciones ideológicas o prácticas trasnacionales que propician el acercamiento de poblaciones dispersas en todo el mundo, tanto entre sí como con sus respectivas patrias de origen.

Uno de los aspectos más característico del comportamiento de la diáspora, que se resalta en numerosos documentos y estudios, es el vínculo que los uruguayos diaspóricos mantienen por diferentes vías con el país.

El Departamento 20

Datos extraoficiales

Algunos ejemplos, citados en ocasión por Pelufo: llama por teléfono al Uruguay tres a cuatro veces por mes, visita el país una vez por año o cada dos años, lee periódicamente noticias de Uruguay por internet y, además, los usuarios de internet chatean al menos dos veces por semana con un pariente o amigo residente en Uruguay.

El documento señala la capacidad de estos uruguayos “diaspóricos” de vivir en dos contextos culturales simultáneamente, si bien esta es una “cualidad” que deben desarrollar todos los migrantes para poder adaptarse y hacer llevadera la vida fuera de su lugar de referencia, el uruguayo tiene una manera muy particular de recrear, reafirmar y elaborar su vínculo con el país de origen, sin por ello dejar de involucrarse con el país de residencia.

También se hace hincapié en que es común que la mayoría se sienta con “un pie en cada país, se van, pero no se van……”, algo que fue reiteradamente advertido en la mayoría de las entrevistas realizadas con uruguayos residentes en diferentes ciudades brasileras.

Por otra parte, se destaca que algunos uruguayos viven esa “separación” física con el país de una forma dramática y otros consiguen sobrellevarlo encontrándose con compatriotas, reviviendo y reforzando su “identidad” en diferentes espacios (clubes, agrupaciones, encuentros de familia, comités políticos, etc.). Estos espacios son para este grupo relaciones, momentos y situaciones que lo vinculan con el país y no quieren ni dejan que los mismos se pierdan.

Otro aspecto que también se constató en los estudios realizados para Brasil, así como otros consultados para colonias de uruguayos en España, Australia y Estados Unidos, es su fuerte solidaridad y compromiso con el país. En el III Encuentro Mundial de los Consejos Consultivos se señalaba que habían sido enviados decenas de contenedores con donativos para el Uruguay (camas para hospitales, sillas para lisiados y pupitres para las escuelas urbanas y rurales, entre otras cosas) por agrupaciones de uruguayos residentes en el exterior. Se destaca la agrupación “Uruguayos Unidos” de Sydney, Australia, que envió decenas de contenedores en el lapso de los últimos 19 años.

Además, decenas de miles de dólares son enviados anualmente por uruguayos en el exterior para financiar merenderos y comedores infantiles, Escuelas rurales y reconstrucciones en seguida de desastres naturales (inundaciones, sequías, etc.).

Pelufo destaca que muchos uruguayos escogen su país para realizar turismo. Envían remesas a sus seres queridos en Uruguay y consumen productos uruguayos, y agrega:

127 mil uruguayos residentes en el exterior hicieron turismo en nuestro país durante el primer semestre del año 2008, un 10% más que en similar período del año anterior.

51 millones de dólares fue lo que gastaron durante dicho período en el 2008, un 34% más que en similar período del año anterior.

A partir del 2003, ha comenzado a enviar remesas, a comprar bienes por internet con destino a sus parientes en Uruguay, y a invertir en bienes raíces en nuestro país.

Según el BID, alrededor de 140 millones de dólares ingresaron al Uruguay en el año 2007, por conceptos de remesas, a los que habría que agregar el efectivo que ingresa del uruguayo migrante que visita nuestro país.

Las compras que se realizan por internet por consumo de sus parientes (supermercados, tiendas de electrodomésticos, jugueterías, librerías, etc.).

Consume productos nostálgicos o étnicos (yerba mate, dulce de leche y vinos nacionales). Las colonias uruguayas representan un nicho de mercado muy importante para los exportadores de estos productos.

La “diáspora” uruguaya se encuentra organizada en 46 Consejos Consultivos y en alrededor de 150 Asociaciones de Uruguayos en el exterior. Estos datos son dinámicos, al momento de su lectura seguro la composición es otra.

Esos Consejos Consultivos son espacios institucionalizados cuya función sería fomentar la participación ciudadana extraterritorial y ser el nexo entre la colonia de uruguayos que representa y las instituciones estatales. A través de los Consejos, inmigrantes uruguayos pueden manifestar sus demandas ante el Estado con la garantía de que se les dará respaldo en los espacios institucionales. La noción de patria peregrina que pauta y le da nombre al proyecto de vinculación del gobierno frenteamplista – y, además, es el término sugerido por el presidente Tabaré Vázquez para referirse a los uruguayos que viven fuera del país –, cristalizado en el Departamento 20, al igual que la categoría diáspora, no posee una única definición en las esferas gubernamentales.

El tema de la participación en agrupaciones culturales y/o políticas, así como la relación que mantienen con compatriotas en los países de residencias es un aspecto muy complejo que abarca diferentes dimensiones, y no todos los uruguayos están agrupados, ni participan con la misma intensidad o compromiso en actividades que podríamos llamar “propias” del grupo. Existen instancias de reunión clásicas, como las conmemoraciones de las llamadas “fechas patrias”, que a su vez son convocadas por los Consulados y que los reúne habitualmente.

También instancias políticas, deportivas, o simplemente encuentros para recrear lo que añoran del “paisito”, son frecuentes en todas las colonias, con la obvia dinámica, intensidad y diversidad de intereses y participación que los caracteriza.

La identidad

El tema de la identidad no se sitúa sólo en una encrucijada, sino en varias. Prácticamente afecta a todas las disciplinas, y también a todas las sociedades que estudian los etnólogos 1. Por último, afecta de modo muy particular a la antropología, pues hay quienes ponen esta última en discusión bajo la imputación de una obsesión por lo idéntico. Si hemos de creer, como algunos, la crisis de identidad será el nuevo mal del siglo. Cuando se hunden hábitos seculares, cuando desaparecen modos de vida, cuando se evaporan las viejas solidaridades, es fácil que se produzca una crisis de identidad.

Una Dimensión Política de la Identidad

Existe una dimensión política de la identidad, que en el caso particular del Uruguay adquiere una significación especial, combinando una larga trayectoria de participación política, al mismo tiempo que refuerza la idea y autorrepresentación de un pueblo muy politizado, que desea formar parte de las decisiones de su país y se moviliza para ello. En este sentido la campaña por el Voto desde el Exterior, que han promovido todas las organizaciones de uruguayos en el exterior demuestra fehacientemente lo dicho.

Por otro lado, es posible comprender la dinámica entre lo común y lo diverso, qué los separa y qué los une a la sociedad de origen y a la de acogida, en este caso Brasil. Aunque sabemos que estos aspectos son difícilmente cuantificables, con manifestaciones que tienen una diversidad y riqueza que si bien obedecen a un colectivo particular, identificado, tienen su expresión particular y única en cada individualidad, la cual tampoco se desconoce.

En primer lugar, es necesario aclarar que se entiende la identidad y su construcción como parte de la historia, aceptando su complejidad, con elementos racionales y de otro orden, como las ligaciones afectivas, los sistemas de representación cultural, sus simbolismos, comportamientos, lengua, pasado que se reconoce común, etc.

Concebimos la identidad en una doble dimensión (o múltiple si se quiere) como acción recíproca, no solo con respecto a la elaboración “oficial”, de una identidad nacional y el individuo, sino de éste con sus referenciales “antiguos” de la sociedad de origen y los “nuevos” de la sociedad de acogida. En definitiva, como construcción histórica y social en continua elaboración y permeabilidad. Tiene una dialéctica específica, es un proceso tan colectivo como individual, corresponde a la sociedad que la construye, pero también a las formas como el individuo usa, se apropia y comparte esa identidad. De este modo, el colectivo no puede ser real si no existe lo individual.

En este sentido, así como desde la Antropología, se habla de la “nación portátil”. Podríamos decir que la identidad también lo es, ya que identidad y nación en estudios migratorios son dos conceptos que van muy unidos. La identidad ocupará un espacio entre lo interior y lo exterior, atándonos a una estructura social y a un modo de pensar según el cual interpretamos y somos interpretados “tanto los sujetos como los mundos culturales que ellos habitan”.

Estas dos preocupaciones (político-económicas) actuales de muchos gobiernos no son ajenas al Uruguay. El surgimiento del Departamento 20 ya señalado, junto a la creación de los Consejos Consultivos, persigue en una acción interactiva esta finalidad. Por un lado, el nuevo gobierno estaría dando un apoyo a la distancia a aquellos ciudadanos que se trasladaron en masa a votar para derrocar por primera vez en la historia los clásicos partidos tradicionales que ocuparon el poder en el Uruguay, y, por otro, a pedido también de estos grupos, se organiza en la confección de diferentes proyectos que puedan permitir el voto desde los países de acogida a esos emigrados.

Pero volviendo a lo que nos ocupa, la dimensión política de la identidad, asociada a la nación y la participación ciudadana, observamos que se relaciona por su parte con el concepto de narrativa nacional. Los estados nacionales han construido narrativas unificadoras y homogeneizantes para integrar a los miembros de sus comunidades. Toda construcción narrativa supone la selección de un conjunto de recuerdos y olvidos. Para el caso de Uruguay se han distinguido básicamente a lo largo de los últimos 150 años cuatro relatos de nación: el discurso homogenizador (que tiene su énfasis hacia fines del siglo XIX y primera mitad del XX), el discurso crítico y de crisis de los años ´60, el discurso autoritario y excluyente de la dictadura y un cuarto discurso en emergencia que integra la pluralidad.

La lejanía no borra la identidad, al contrario, la fortalece. Y los uruguayos y en general todos los latinoamericanos que residen lejos de sus países de origen, desean un tiempo mejor para su tierra y para su gente. Incluso muchos, albergan el sueño del retorno, para compartir la construcción colectiva de un país mejor.

Si la identidad también refiere a una historia común, en el caso de los uruguayos es sorprendente el “trauma” o “fractura de la memoria” que ocasionó para la sociedad la dictadura, (tanto los que permanecen hoy en el país, como, y sobre todo, los que emigraron en aquellos años), el impacto negativo que este fenómeno tuvo en sus historias personales, se hace colectivo y es de alguna manera aunque muy negativa, por el dolor que traen estos recuerdos de recrear una identidad, un referente de la memoria colectiva del grupo, en este caso asociado a un período muy angustiante de la historia del país. Junto a esto hay también una preocupación cada vez mayor por el envío de remesas y la voluntad de hacer de las mismas un uso productivo para el país. Javier Vidal, de Cancillería, nos dice: “Uruguay también ya entró en la escala de país remesero digamos, hay gente que vive casi exclusivamente de lo que le mandan sus familiares en el exterior”, pero también destaca algo que para él es un elemento distintivo frente a otros colectivos de emigrantes, cuyo contacto con el país de origen es básicamente por las remesas que envía, resaltando la manifestación solidaria de algunos uruguayos en “campañas de solidaridad”:

[…] yo supongo que eso tiene mucho que ver por un lado con la propia impronta de país migrante, como el país de ‘sociedad trasplantada’ de Darcy Ribeiro, que generó esos lazos solidarios y la necesidad de apoyarse unos con otros, de un entramado social que apunta a la solidaridad, pero que a su vez la época de la dictadura, hizo viable muchas campañas de solidaridad y de apoyo a la recuperación de los derechos cívicos perdidos, que era que el uruguayo se acostumbraba a estar pensando en qué podía ayudar al país, eso se mantiene, y va desde el envío de 30 ambulancias, equipamiento de hospitales, bibliotecas, escuelas, becas, o sea cantidad de cosas que hacen los uruguayos por el país estando fuera, o sea que el vínculo económico no solo el que envía remesas, sino que también hace toda una cooperación de manera sistemática y que permanece el vínculo de manera casi estable, permanente con el país.

En este sentido, desde el Departamento 20 se ha gestionado y destacado la acción de estas agrupaciones de uruguayos, incentivándolas y valorándolas.

En las agrupaciones de migrantes uruguayos en el exterior, estos discursos y relatos de nación son reconstruidos y reinventados según modalidades particulares de tiempo y lugar. En este proceso están implícitas ciertas operaciones de la memoria colectiva (Halbwachs, 1990), porque las organizaciones de uruguayos/as en el exterior han interpretado y traducido algunos elementos reconstruyendo identidad. Las características que tienen las “Casas de la Cultura Uruguay” (o agrupaciones similares), o los propios Consejos Consultivos, evidencian las distintas operaciones de selección y reconstrucción de la memoria que se intenta preservar de esa comunidad imaginada. Ese conjunto de signos y de prácticas que recrean las organizaciones de migrantes en el exterior, no obedecen a caprichos o empeños voluntarios, sino que están vinculadas a tradiciones que se expresan a través de la memoria pública. El conjunto de creencias e ideas que operan para que la gente comprenda su pasado y su presente, se encuentra situada en la estructura material de la sociedad (Bodnar, 1992). El pasado requiere de comunicación en el proceso de “oficialización” de la tradición legitimada, operación que se efectiviza tanto en las narrativas oficiales como en los espacios de organización y representación de los uruguayos/as en el exterior. Coexisten de algún modo un conjunto de identidades y memorias que construyen pertenencia a la comunidad imaginada que no son necesariamente conflictivas, pero tampoco son homogéneas. La construcción de memoria y los espacios de organización de los uruguayos/as residentes en Brasil, son similares en algunos aspectos a las organizaciones en diversas ciudades estudiadas: Porto Alegre, Rio Grande, Pelotas, Sao Paulo, Rio de Janeiro, diferenciándose en alguna medida por los tiempos de llegada, los motivos de la migración, las distancias lingüísticas, los perfiles educativos de los residentes, el subconjunto de diferencias que se ponen en juego para distinguirse de los “otros”, constituyen claves que inciden en los modos de construcción de memoria colectiva y en las formas en que “interpretan” las políticas de vinculación propuestas por el gobierno uruguayo desde el año 2005.

Uruguay tiene un rico historial en el campo de las reformas sociales y políticas. Nuestro estado supo acompañar con ellas los cambios que fueron operándose en la sociedad. En nuestro mundo global, las corrientes migratorias son un nuevo componente cuyo peso adquiere una relevancia inusitada con el desarrollo de la tecnología de las comunicaciones. El concepto de ciudadanía tiene hoy nuevas dimensiones que superan las fronteras territoriales y reclaman las reformas políticas capaces de adaptar la democracia y los instrumentos participativos, a la nueva circunstancia histórica.

Nuestro Uruguay no puede marginarnos. El Uruguay del Exterior, clama por integrarse a la construcción de un nuevo Uruguay. Queremos que en un futuro próximo, ningún joven, técnico, profesional, intelectual, opte por la emigración ante la falta de oportunidades en su tierra. Este es el sueño de todos, que no conoce colores partidarios, ni religiones, ni concepciones filosóficas. Solo reconoce el sentido de pertenencia, el amor al país y el encuentro de todos los Orientales con nuestras mejores tradiciones, expresadas en el artiguismo fundacional y a través de nuestros avanzados reformadores como José P. Varela y José Batlle y Ordóñez.

Podemos apreciar la construcción de la “particularidad” uruguaya, la reivindicación de una historia, pasado común que da sentido a la construcción identitaria, al mismo tiempo que se citan personajes “indiscutibles” de la historia nacional que han aportado a esta creación del Uruguay de hoy, país que sufre y se desgarra en penas por la fragmentación que la emigración causa.


NOTAS

  1. Lo que estudian y comparan los diferentes pueblos y culturas del mundo antiguo y actual. Algunos autores la consideran una disciplina y método de investigación de la antropología. ↩︎